Supongo que los "quédate" o los "vente conmigo" están en peligro de extinción, pues por más que busco solo encuentro añoranzas caducadas que prometían más de lo que duraron.
Por más desgracia que suerte, tengo sobrada experiencia en echar de menos, querer de más, cuando se trata de un viaje sin retorno, pero a mi ni siquiera me habían ofrecido el billete de ida cuando estaba gritando que quería el de vuelta.
Nunca creí que se pudiera sentir así, que la naturaleza nos hubiera dado esta capacidad de amar para envenenarnos con la ponzoña que traen las despedidas y si de algo estoy segura es de que no hay remedio para ese dolor, se va extendiendo del corazón a cada rincón de tu cuerpo, no sabes cómo pero tus ojos han dejado de ser tuyos para convertirse en cascadas de agua salada que van a parar a ninguna parte. Lo cierto es que queda muy poco para convertirse en una sedienta uva pasa a la que han quitado toda su esencia.
No me malinterpretes, por ti sería pasa, uva o desierto a cambio de que me dejaras una noche más, un abrazo más, un beso más.
Llevo una pistola cargada de llantos que desenfundare cuando encuentre a aquel que inventó la palabra "adiós" aunque sé que esa bala reposara junto a mis restos cuando sea yo la que tenga que despedirse por última vez.
Nunca he sido una chica de matemáticas porque eso de que 1 + 1 son 2 no va conmigo, y es que todavía no se ha inventado la calculadora que sepa averiguar que muchas veces uno y uno somos uno y que cuando nos separan nos parten a la mitad.
No voy a meterme en sentimentalismos y en odas acompañadas de liras de plata pero permiteme decirte "vente conmigo"
<<La chica de las ventanas moradas>>
No hay comentarios:
Publicar un comentario