El insomnio ha querido formar parte de mi vida y cual amante inasequible al desaliento, insiste en meterse en mi cama.
Debería existir un interruptor para apagar los pensamientos, todos esos existencialismos que nos carcomen y hacen que la vida sea menos vida y el dolor lata más fuerte que un corazón jóven.
La "nada" avanzó al más puro estilo de Michael Ende y absorbió toda la luz que se interpuso en su camino.
El morado había muerto, y su sucesor fue gris, un gris que te nubla la vista y el alma, un gris que barre tu mente y sólo hace que deseses llegar de una vez a la oscuridad del negro.
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